jueves, 30 de julio de 2009

Entrevista al escritor canadiense Michael O’Brien, autor de La última Escapada

«Debemos resistirnos al adoctrinamiento»

Nunca un medio de comunicación español ha entrevistado al escritor Michael O’Brien. A pesar de que sus novelas son best-sellers traducidos a nueve idiomas y de que la crítica lo ha comparado con George Orwell o Aldous Huxley, cuenta cómo en Canadá, su país natal, ninguna editorial se atrevió a publicar sus títulos. «Durante 20 años estaba convencido de que mis libros nunca serían publicados. Estaba seguro de que las fuerzas que reprimen la cultura católica habían ganado. Me equivoqué». Se equivocó. Hoy es uno de los periodistas y escritores más brillantes y leídos del mundo, y un referente en el panorama católico internacional

Ha publicado algunas de las novelas católicas más leídas del mundo, es ensayista, pintor y director la revista familiar «Nazareth Journal». La editorial LibrosLibres acaba de publicar «La última escapada», una obra que escribió en 1999 sobre el «totalitarismo suave» y el adoctrinamiento del Estado. ¿Le extraña que en España casi no se hable de él? Lea esta entrevista y comprenderá por qué tan pocos medios se atreven a publicar lo que O’Brien piensa, dice y escribe...

La última escapada (LibrosLibres) describe un Estado que adoctrina, impone el aborto y el relativismo, y silencia a quienes lo critican. ¿Alerta sobre el futuro, o fotografía la actualidad?
Cuando escribí el libro, la situación en mi país avanzaba hacia el totalitarismo suave descrito en la novela. Lo escribí como advertencia. No preveía con qué rapidez se desarrollarían los acontecimientos en esa dirección. La situación aún no es tan mala, pero las nuevas leyes invaden gravemente la vida familiar. Por ejemplo, el derecho de los padres a educar a sus hijos sobre cuestiones morales según sus creencias, y a mantenerlos fuera de los programas de ingeniería social y de ideología de género en lo tocante al aborto y la orientación sexual. La libertad de expresión y la libertad religiosa han sido gravemente socavadas por comisiones de derechos humanos, que investigan y castigan delitos de odio. Los activistas homosexuales han utilizado estos tribunales para acosar a ciudadanos de a pie, obispos, sacerdotes y a ciertos medios de comunicación, porque dicen la verdad sobre la naturaleza desordenada de los actos homosexuales. La Iglesia es la primera defensora de la dignidad de la persona homosexual, pero habla claramente sobre las heridas psicológicas y el pecado que hay en sus actividades. Ésta es sólo la dimensión material de una revolución social que exalta derechos sin responsabilidades.

¿Es posible hoy que una democracia persiga con violencia a quien no comulgue con lo políticamente correcto?
La forma más peligrosa del totalitarismo es la que oculta su naturaleza bajo las banderas de libertad y democracia. Es de suma importancia observar con atención las decisiones de los Gobiernos y los frutos de esas decisiones, y hacer todo lo posible para resistirnos al adoctrinamiento. Los cristianos, en mi país, no son llevados a campos de concentración, pero, con frecuencia, las familias cristianas han tenido a sus hijos confiscados por el Estado, tras ser acusadas de abuso, término que puede significar cualquier cosa en virtud de la ley. Maestros o vecinos pueden realizar una denuncia anónima, y de inmediato la policía y los trabajadores sociales van a casa o a la escuela, y se llevan a sus hijos a un hogar de acogida, sin que sus padres sepan dónde están, hasta que un tribunal decida si son o no culpables de abusos. Esto se ha convertido en un instrumento de terror, que hace que muchos padres duden a la hora de resistirse al Estado. El Gobierno dice defender los derechos del niño. Irónicamente, lo dice quien mata a cientos de miles de niños cada año con el aborto y obliga a todos los ciudadanos a pagar estos asesinatos con sus impuestos.

En las escuelas canadienses y españolas se ha impuesto una asignatura que adoctrina en el relativismo...
Todos los Gobiernos saben que la educación es la clave para la formación de la conciencia del pueblo, y que la juventud es la etapa en la que se forman opiniones que afectan al orden sociopolítico. Ahora, incluso bastiones de la democracia aplican un radical cambio social en su pueblo, violando los principios fundadores de sus naciones. Filósofos católicos han señalado que la propaganda sobre la libertad aumenta a medida que la libertad real se reduce.

Sin embargo, ambos países han vivido el despertar de un movimiento social frente al adoctrinamiento estatista.
Siempre hay esperanza, siempre. La resistencia al estatismo tendrá éxito en la medida en que la Iglesia dé testimonio valiente junto con las familias, y defienda sus derechos cuando el Estado intente barrerlos. Es esencial que las personas de fuerte carácter moral -sobre todo políticos, legisladores, periodistas y educadores- estén dispuestas a mantenerse firmes en el ámbito público y a defender la verdad frente a la ola de relativismo moral, incluso si eso supone arriesgarse a perder la seguridad o el éxito de sus carreras. La revolución materialista, que se ha apoderado de Occidente en un abrazo mortal, ha llegado a este punto porque nos ha faltado el valor de defender la relación entre verdad y amor, como dice el Papa en Caritas in veritate.

¿Necesitamos los católicos reaccionar social, cultural y políticamente?
Sí, y de forma urgente. Hace años, muchos cristianos no habían interiorizado la fe como un camino para su vida. La mayoría de las personas de buena voluntad no entendían la naturaleza de la guerra que durará hasta el fin de los tiempos y en la que todos estamos involucrados. Cuando la civilización cristiana comenzó a erosionarse, y la revolución tecnológica empezó a remodelar la conciencia humana, los católicos nos sentimos en peligro de extinción, pero no sabíamos reaccionar. Ahora, estamos aprendiendo a resistir y, lo que es más importante, a construir la civilización del amor. Estamos fortaleciéndonos interiormente, en una comunión entre nosotros como no hemos vivido desde los primeros siglos de la Iglesia. Nuestra fuerza está en el incremento de la unión con los obispos, con la Iglesia universal, con Pedro.

Europa ve a Obama como un mesías que resolverá nuestros problemas. En El padre Elías, alerta sobre un político así, que resulta ser el Anticristo...
Obama es un icono transnacional del líder: gran solucionador de problemas insolubles, reconciliador de tensiones insoportables, curandero del mundo, creador de la paz, ecologista, humanista laico y religioso sincretista. Es un laico mesiánico. Invito a sus lectores a reflexionar sobre los puntos 673-677 del Catecismo, donde habla de la verdadera naturaleza del mesianismo secular. No sé si Obama es una figura del Anticristo, pero está fuera de toda duda que sus políticas de lucha contra la vida están en el reino del espíritu del Anticristo.

Los católicos, ¿hablamos y enseñamos demasiado poco sobre el diablo?
Hacer hincapié en la realidad y las actividades del diablo es un peligro, aunque Jesucristo es infinitamente más fuerte. Las actividades de los espíritus malignos aumentan espectacularmente en tierras de la antigua cristiandad, disminuye la fe y nos invaden otras espiritualidades. No hay que confundir los trastornos psicológicos con la posesión diabólica, pero tampoco hay que presumir que toda obsesión por el mal tiene un origen puramente psicológico. Esa presunción es increíblemente ingenua.

¿Por qué hay tan pocos escritores católicos de éxito?
Un gran número de escritores católicos han decidido no expresar los temas cristianos en su trabajo. Como el joven rico del Evangelio, rechazan la llamada a ir por un camino más peligroso y también más bello. Olvidan que ese camino lo recorrerán con Cristo y con el poder del Espíritu Santo, ante quien caerán barreras imposibles. En última instancia, es una cuestión de fe y de esperanza. La revolución materialista neutraliza más eficazmente la disidencia no por la violencia, sino por la negación de espacio en el que crecer. Por encima de otro factor, un verdadero artista crea lo que ama. Si un cristiano ama a Dios y a la Humanidad no sólo en abstracto, se da cuenta de que el mundo es un jardín de maravillas y milagros.

¿Cómo le influye la oración?
ón cuando estoy descansando mis pobrezas y vacíos ante el Santísimo, o después de la Comunión. Cuando empiezo a escribir, me consagro al Señor, invoco la intercesión de los santos y pido al Espíritu Santo su presencia activa. Ruego a mi Padre que me dé la inspiración para contar una historia verdadera y bella que sirva a los demás, y le pido que un ángel me ayude. Cuando me olvido de ello, la escritura es más difícil y no respira como una obra viva.

Fuente: Alfa y Omega

martes, 28 de julio de 2009

A Dios, ¡ni nombrarlo!

A Dios, ¡ni nombrarlo!

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 25 de julio de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas con el título "A Dios, ¡ni nombrarlo!".

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VER

¡Cuántos insultos y descalificaciones se hicieron al Presidente de la República, por hablar de Dios en un evento público! Durante la celebración del Día internacional contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas, expresó que muchos niños y jóvenes "tienen pocos asideros trascendentes, tienen poco que creer; no creen en la familia, que no tuvieron; no creen en la economía o en la escuela; no creen en Dios, porque no lo conocen". Por haber dicho esto, le llamaron oscurantista, retrógrado, faccioso, intolerante, que está desvariando, que rechaza el Estado laico... En un editorial, se dijo: "La fe de los políticos pertenece al ámbito privado. La tribuna desde la que se dirigen a la nación no puede confundirse con un púlpito". Muchos otros, en contraposición, lo alabamos por su valentía y coherencia. ¡Ya es tiempo de superar la intolerancia laicista! ¡Hacen falta políticos que no sean vergonzantes de su fe!



Hay movimientos para que se refuerce el Estado laico en nuestra Constitución y se eviten expresiones públicas de fe en la vida oficial.



JUZGAR

Se ve que estas personas no conocen ni comprenden lo que es la fe cristiana. Se imaginan que es como una ropa que se pone o se quita según circunstancias y conveniencias, o como unos lentes que se usan o se guardan según sea el momento. No es así. Cuando uno ha conocido de veras a Dios, toda la vida queda empapada por esta luz. Dios no es algo accidental o superficial, sino Alguien esencial y fundamental. El se nos ha revelado, visible e históricamente, en Jesús de Nazaret, y en El hemos descubierto el amor que Dios nos tiene. El no es una imposición de la Iglesia, sino una experiencia que hemos tenido millones de seres humanos y que nos llena de vida, esperanza y fortaleza; que nos enseña el camino y nos acompaña; que nos levanta y nos sostiene; que nos proyecta al servicio de los demás y nos urge el amor a los que sufren. El es hermano, amigo, padre, maestro, perdón, paz, seguridad, trascendencia.



Es verdad que un gobernante no debe imponer su propia religión a todo un pueblo, pues sería un totalitarismo como tantos que ha habido y hay, sobre todo en el islamismo; sería un abuso de poder y una falta de respeto a quienes tienen otras creencias, o han decidido vivir sin ellas. Pero no puede ocultar su fe, reducirla al ámbito de lo privado, o avergonzarse de ella. Jesús es muy claro: "Por todo aquel que se declare en favor mío ante los hombres, yo también me declararé en su favor ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos" (Mt 10,32-33; cf Mc 8,38).



ACTUAR

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público establece que "las autoridades federales, estatales y municipales no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni a actividad que tenga motivos o propósitos similares" (art. 25). El respectivo Reglamento matiza un poco: "Se exceptúa de lo previsto en el párrafo anterior, al servidor público que asista a título personal" (art. 28).



Esta es la ley actual y nuestras autoridades se han comprometido a cumplirla; sin embargo, debe revisarse, pues adolece de limitaciones a la libertad religiosa. No se debe imponer una religión desde el Estado, pues éste es para todos, creyentes y no creyentes; pero no se puede coartar a los gobernantes e impedirles que puedan expresar su fe en actos públicos, pues la fe es una luz que no debe esconderse debajo de una olla, sino ofrecerla serenamente, sin imponerla a nadie. Comparen nuestra legislación con las de otros países americanos y europeos, y verán que nos falta más libertad religiosa.



Nuestra fe nos muestra caminos para proteger a la familia y a la sociedad; para que los niños y jóvenes crezcan sanos moral y socialmente; para que no proliferen violencia, secuestros, narcotráfico, robos, asesinatos, prostitución, pederastia, alcoholismo, corrupción y divisiones. Un buen creyente, es un buen ciudadano. Como dice el Papa Benedicto XVI en su última Encíclica: "Dios es garante del verdadero desarrollo del hombre" (Caritas in veritate, 29).