El creciente descrétido del Premio Nobel de la Paz ha batido hoy una nueva marca, al serle otorgado el de este año a un presidente, Barack Obama, que no lleva ni un año en el cargo, que se ha caracterizado por sus gestos de claudicación ante los principales déspotas del planeta -Fidel Castro, Hugo Chávez, la dictadura comunista China e incluso las teocracias islámicas- y que, además, mantiene a su país en las guerras, Afganistán e Irak, que se iniciaron durante la anterior administración.
En estos últimos tres lustros han dado ese premio en 2007 al gran gurú del catastrofismo ecologista Al Gore en 2007, en 2001 a Kofi Annan -cuyo paso por la ONU quedó marcado por el rastro de la corrupción- e incluso al terrorista Yasser Arafat en 1997. Eso sí, a pesar de los pesares se le negó el Premo Nobel a un campeón de la paz y de la libertad como Juan Pablo II, y eso después de concederle el premio al actual Dalai Lama del budismo en 1989.
La concesión ahora del premio a Obama, por cierto, es la tercera que se le hace de esa distinción a un presidente de EEUU durante el ejercicio de su mandato. En 1906 se le concedió al demócrata Theodore Roosevelt, un belicista y partidario de ese expansionismo estadounidense que llevó a la guerra con España a finales del siglo XIX. Durante su mandato ordenó las ocupaciones militares de su país sobre la República Dominicana en 1904 y sobre Cuba en 1906. En 1919 se le concedió el premio al también demócrata Woodrow Wilson, que continuó la política expansionista de Roosevelt invadiendo México en 1914, Haití en 1915 y la República Dominicana en 1924, y que fue el presidente que dio el paso de meter a los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial en 1917. Curioso sentido del pacifismo el que tienen en Oslo.
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