lunes, 15 de marzo de 2010

Auxilio en carretera

Un día que iba conduciendo por una carretera poco transitada pasé junto a un automovil estacionado en el arcén. Un hombre estaba sentado en un mojón. Supuse que el coche estaba averiado, así que me detuve a ofrecer ayuda. El conductor era un joven sacerdote y su vehículo se había quedado sin gasolina. Mientras lo llevaba yo en mi coche a la estación más cercana, le dije en plan de broma:
-¡Vaya, vaya! Un sacerdote tirado en la carretera. ¿No se supone que Dios debe cuidar de usted?
-Así es -respondió-. Sin duda ha sido Él quien le ha enviado a usted a prestarme auxilio.

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