viernes, 14 de noviembre de 2008

Cadena de favores: ser feliz siendo solidario

Con el comienzo del nuevo milenio se creían muchos problemas superados y sufrimientos olvidados. Las sociedades se suponen, aunque no todas, adaptadas a sistemas políticos basados en la libertad y el respeto al derecho de los hombres. Pero no es realmente así ya que existen regímenes totalitarios, enfrentamientos bélicos, armas de destrucción masiva e intereses de dominio por parte de los que pueden ejercerlo sobre los demás.

Sin ánimo de ser exagerado ‘no todo es oro lo que reluce’ ya que aún está por erradicar el hambre. Hay una parte de la población mundial que sigue siendo analfabeta. Los científicos no han dado con las composiciones químicas que inmunicen todas las enfermedades. Es cierto que estos elementos expuestos –conviene matizar-, no son controlables y dominados por el propio hombre. En cambio, hay muchos otros donde la voluntad y determinación de la persona, su elección en cada momento, sus movimientos y la previsión de la trascendía que suponen sus actos pone en juego una sana, o no, prosperidad personal y colectiva.

Realmente, se plantean dicotomías. Cada individuo, actúa bien o mal, piensa para sí o tiene en cuenta al prójimo, es generoso o lo quiere todo para él, da importancia a los sentimientos o es insensible. En resumen: hay gente a la que le importan los demás y hay quienes ‘pasan de todo’.

La película Cadena de favores (2001), dirigida por Mimi Leder y guión de Leslie Dixon, nos propone una idea genial basada en hacer el bien en una sociedad que tanto lo necesita y que es falto de corazones tan creativos y bondadosos como el de nuestro protagonista Trevor. Aunque parezca que no se consiguen los resultados deseados, al final, luchar por la causa tiene siempre consecuencias bastante positivas.

Cadena de favores ayuda a profundizar en la personalidad y actitudes de los personajes. Intentamos analizar los perfiles psicológicos, que son espejo de las distintas realidades o grupos sociales. Y, cómo la idiosincrasia de cada uno, puede tener nexos comunes a través del simple hecho de hacer un ‘favor’, y que a su vez, adquiere el compromiso de ‘seguir la cadena’. De esta manera, uno vence su debilidad y contribuye a que el otro también lo haga. Así, extendiendo esta iniciativa se consigue un beneficio global y propio, por el hecho de haber seguido el proceso. Reducir una realidad humana fijándonos, únicamente, en cada persona, puede parecer una generalización, pero nos sirve para centrar el análisis en los distintos tipos de personalidades que nos muestra la película.

La filosofía de vida que demuestra Trevor es extraordinariamente interesante y la demostración de que los problemas pueden ser superados con la ayuda de los demás, la buena intención y algo de esperanza, es suficiente como para crear un mundo ‘más perfecto’ y una sociedad inmejorable.

La persona que es solidaria acaba obteniendo más beneficios por su actitud ante la vida que una persona ingrata y egoísta. ‘Cadena de favores’ deja entrever cómo una sociedad que practica la solidaridad está más unida y tiene menos carencias al ser compartidas.

Desafortunadamente, en las sociedades actuales hay mucha influencia de los mass media y los comportamientos y actitudes sociales surgen, en muchas ocasiones, tras el consumo de estos.

Según el tipo de familia y la convivencia que tienen sus miembros entre sí, de esa manera será la personalidad propia de la persona. En nuestro país se han aprobado nuevos tipos de familia y de enlaces conyugales que, seguro, tienen una influencia en los hábitos de las nuevas generaciones. Tampoco es objeto de este trabajo valorar la eficacia, garantía social y su validez moral.

La solidaridad, como iniciativa social propia de los individuos, surge tras la falta de cobertura de los gobiernos a las necesidades de los Estados y los ciudadanos. Estos reaccionan ante esa necesidad de dar resultado y contribuyen a paliar el hambre, las enfermedades,… Pero no sólo es este tipo de cosas, que se han adjudicado las ONG’s, son en las que se pone en juego la solidaridad de la gente.

Basta con ser sensible con los demás y realizar un pequeño esfuerzo que al otro le supone mucho para tener la intención de hacer posible un nuevo mundo. Unas sociedades donde impere el bien, la unión y la fraternidad aunque tengan distintas identidades culturales, históricas, sociales, económicas y lengua.

En nuestros países, la práctica personal de la solidaridad se realiza bajo unas condiciones de amistad y cercanía. En el resto de casos, la gente se conforma con dar donativos a las organizaciones ‘sin ánimo de lucro’ controladas por los gobiernos y que tienen proyectos en los países en desarrollo, etc.

Respecto al cumplimiento de las funciones de las ONG’s “muestran grandes limitaciones a la hora de llegar a las poblaciones más pobres. Las intervenciones de las ONG no ayudan a la gente a escapar de la pobreza estructural aunque no niega que pueda aliviar circunstancialmente alguna de las peores formas de pobreza.”

Fuente: On Air con Dios

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